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Breve Reseña Histórica:
Arriba en las
montañas en el Norte de Honduras hay una
comunidad con 20 casitas, que se llama San
Antonio de la Cumbre. Ubicado en la cercanía de
la frontera con Guatemala, a 1,200 metros sobre
nivel del mar, San Antonio, se enorgullece de
tener el mejor café de Honduras. A pesar de la
alta calidad de su café, muchos productores lo
encuentran difícil continuar con la cultivación
por los históricamente bajos precios del café en
el mercado mundial.
Anastasia Serrano nunca pensó ser caficultor.
Durante 15 años ella cuidó de sus hijos y ayudó
a su marido en el manejo de la finca mientras
que éste se mobilizaba de lugar en lugar en
búsqueda de trabajo. Tenían más suerte que
muchos otros porque ellos eran dueños de su
tierra y así lograron sobrevivir.
Hace cuatro años, cuando ella y su marido
decidieron divorciarse, Anastasia tenía una
tierra y decidió plantar café. Con dos hectáreas
en producción y dos más sembrado, Anastasia
espera aumentar su ingreso de US $1,500 anual a
US $2,000 el próximo año.
El
precio mínimo garantizado por el Comercio Justo
le ayudará a enviar su hija menor a la escuela y
a pagar la certificación que necesita para poder
vender su café al mercado orgánico.
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